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ingredientes de la pasta de dientes casera

Cómo Crear la Pasta de Dientes Natural Definitiva y Transformar tu Salud Bucal.

Aprende a crear tu pasta de dientes natural con bicarbonato, arcilla y xilitol. Una guía exhaustiva para preparar en casa, de forma segura, un complemento suave a tu rutina de higiene bucal.

Siempre he creído que las decisiones más pequeñas son las que acaban teniendo un impacto más profundo en nuestro bienestar. Cambiar tu pasta de dientes comercial por una hecha por ti puede parecer un detalle menor, pero te aseguro que es un pequeño acto de independencia y de amor propio fascinante.

Contenidos

Por qué decidí dar el salto a la pasta de dientes natural. Mi viaje personal hacia lo natural

Todo empezó una mañana, mientras me cepillaba los dientes distraídamente. Me quedé mirando el envase, vi tantos nombres extraños que algo dentro de mí se puso en alerta y empecé a preguntarme qué era la mitad de aquello y si de verdad lo quería en mi boca dos veces al día.

Así que empecé a experimentar. Mi primera mezcla fue un desastre, lo reconozco. Era demasiado abrasiva y el sabor… bueno, dejémoslo en que era mejorable. Pero como soy una persona que no se rinde cuando algo le apasiona, seguí ajustando las proporciones hasta dar con la fórmula que hoy comparto contigo.

Hacer tu propia pasta de dientes no es solo ahorrar dinero o reducir residuos (que también), es saber exactamente qué estás usando, elegir algo suave y tener un pequeño ritual diario que sientes tuyo.

Y hay algo que quiero decirte claramente desde el principio, porque prefiero ser honesta contigo antes que venderte nada: esta receta no sustituye a tu dentista y no lleva flúor. Volveré sobre ese tema más abajo, porque merece una conversación de verdad y no una frase suelta.

Conociendo a nuestros aliados: los ingredientes estrella de la fórmula.

Para que una pasta de dientes funcione, necesita cumplir varias funciones: limpiar, pulir suavemente, refrescar y saber lo bastante bien como para que te apetezca usarla. No hacen falta veinte ingredientes para eso. Con seis bien elegidos basta.

El bicarbonato de sodio: limpieza y equilibrio del pH.

El bicarbonato de sodio es, posiblemente, uno de los ingredientes más infrautilizados y malinterpretados de la despensa natural. Se ha dicho mucho que es muy abrasivo para los dientes, pero la evidencia nos dice algo diferente si se usa con cabeza.

Químicamente es una sal compuesta por iones de sodio y bicarbonato, y su utilidad en la pasta de dientes se resume en dos cosas.

En primer lugar, es un regulador del pH excepcional. Nuestra boca se vuelve ácida después de comer, y es ese ambiente ácido el que permite que las bacterias causantes de las caries campen a sus anchas y desmineralicen el esmalte. El bicarbonato es alcalino, así que neutraliza esos ácidos rápidamente.

En segundo lugar, tiene una capacidad de limpieza mecánica muy suave. Sus partículas son lo suficientemente duras como para eliminar la placa y las manchas superficiales, pero lo suficientemente blandas como para no rayar el esmalte si la mezcla es equilibrada. Además, es un desodorizante natural, así que combate el mal aliento desde la raíz, no solo tapándolo con perfumes.

La arcilla blanca (caolín): el pulidor suave.

Si el bicarbonato es el limpiador, la arcilla blanca es el pulidor de lujo. También conocida como caolín, se ha usado desde hace milenios en diversas culturas. Se extrae de rocas ricas en caolinita y se procesa hasta obtener un polvo finísimo, casi impalpable.

Lo que me gusta de la arcilla blanca aquí es lo suave que es. Tiene un pH muy cercano al de nuestra piel y mucosas, lo que la hace ideal para encías sensibles. Y aporta una textura cremosa que hace el cepillado mucho más agradable, alejándose de esa sensación arenosa que tienen algunas pastas naturales mal formuladas.

Verás por internet que se describe el caolín como «remineralizante», y yo misma lo he repetido. Siendo sincera contigo: el caolín es un silicato de aluminio y no hay evidencia buena de que aporte minerales aprovechables al esmalte. Lo que sí hace muy bien es pulir con enorme suavidad y dar cuerpo a la pasta, que ya es motivo de sobra para incluirlo. Si lo que buscas específicamente es remineralizar sin flúor, el ingrediente que sí tiene investigación detrás es la nanohidroxiapatita, que puedes comprar en polvo y añadir a esta receta.

El xilitol: el azúcar que combate las caries.

Este ingrediente es, para muchos, el gran desconocido, y sin embargo es el que marca la diferencia entre una pasta casera mediocre y una buena. El xilitol es un poliol, un alcohol de azúcar que se extrae habitualmente de la corteza del abedul o de las fibras del maíz.

¿Azúcar en la pasta de dientes? Pues sí, pero con un truco biológico alucinante. Las bacterias que causan las caries, como el Streptococcus mutans, adoran el azúcar. Cuando les llega xilitol, lo ingieren pensando que es glucosa, pero no pueden metabolizarlo. El resultado es que producen menos ácido y no se reproducen como lo harían normalmente.

El xilitol también estimula la producción de saliva, y la saliva es nuestro sistema de defensa natural más potente: contiene los minerales y las enzimas que reparan el esmalte y mantienen la boca limpia. Además, aporta un sabor dulce muy agradable que equilibra el toque salino del bicarbonato.

Un aviso importante que va justo aquí: el xilitol es gravemente tóxico para los perros. Cantidades pequeñas pueden provocarles una bajada peligrosa de azúcar en sangre y fallo hepático. Si tienes perro en casa, guarda tanto el xilitol como la pasta terminada fuera de su alcance, y no dejes el tarro en un estante bajo.

El alma líquida de la pasta: glicerina, agua y el toque de la menta.

Para que los polvos anteriores se conviertan en una pasta manejable, agradable de usar y que no se seque al segundo día, necesitamos unos vehículos líquidos muy específicos. No vale cualquier cosa, y aquí es donde la calidad marca la diferencia entre una pasta que te encanta usar y una que se queda olvidada en el fondo del armario.

Glicerina vegetal: el secreto de la textura perfecta.

La glicerina vegetal, también conocida como glicerol, es un líquido incoloro, inodoro y con un sabor dulzón que se extrae de aceites vegetales como el de coco o el de palma (siempre recomiendo buscar una de origen sostenible). Su función aquí es vital: es un humectante.

¿Qué significa esto? Que la glicerina retiene la humedad. Sin ella, nuestra mezcla de arcilla y bicarbonato se convertiría en un bloque duro en cuestión de horas. Además, aporta esa suavidad al deslizar el cepillo que hace que la experiencia sea reconfortante.

Hay un pequeño debate en el mundo natural sobre si la glicerina «recubre» los dientes impidiendo la remineralización. Tras mucho investigar, te diré que esa idea no tiene demasiado respaldo, y que en las cantidades que vamos a usar se aclara perfectamente con el agua del enjuague.

Agua destilada o hervida: el vehículo de la pureza.

Parece el ingrediente más simple, pero es fundamental. No podemos usar agua del grifo directamente si queremos que la pasta dure sin estropearse, ya que el agua corriente puede contener cloro, cal o microorganismos que alterarían la fórmula.

El agua sirve para disolver el xilitol y ayudar a que la arcilla se hidrate correctamente, creando esa estructura de gel que tanto nos gusta. Yo siempre recomiendo agua destilada o, en su defecto, agua mineral que hayas hervido y dejado enfriar. Es un paso pequeño, pero te asegura que tu creación sea segura y estable.

Aceite esencial de menta: frescor y salud.

Si hay algo que todos buscamos en una pasta de dientes es esa sensación de limpieza profunda y aliento fresco que solo la menta puede dar. Pero usar aceite esencial de menta piperita puro es ir mucho más allá de un simple aroma.

Es un antiséptico natural que ayuda a combatir las bacterias que causan el mal aliento, y tiene propiedades analgésicas suaves, lo que viene de maravilla si tienes alguna pequeña sensibilidad. Además, ese aroma despierta y da claridad mental para empezar el día. Es el broche de oro de la fórmula.

Los aceites esenciales están para escupirlos, no para tragarlos, así que respeta el número de gotas de la receta y no caigas en la tentación de doblarlo.

Manos a la obra: la receta

Ahora sí, después de este viaje por la teoría, vamos a ensuciarnos las manos (¡bueno, solo un poco!). Esta receta es el fruto de muchas pruebas y errores. Está equilibrada para que limpie sin ser agresiva y para que tenga un sabor que te haga desear que llegue el momento de lavarte los dientes.

Ingredientes.

Anota bien estas proporciones. Yo suelo usar estas cantidades para un tarrito que me dura aproximadamente un mes, lo ideal para que la pasta se mantenga siempre fresca:

  • 2 cucharadas soperas de arcilla blanca (caolín) de uso cosmético, bien fina.
  • 1 cucharadita de bicarbonato de sodio (muy fino, para que no raye).
  • 1 cucharadita de xilitol (puedes triturarlo si los granos son muy grandes).
  • 2 cucharadas soperas de glicerina vegetal líquida.
  • 2 o 3 cucharaditas de agua destilada (iremos ajustando según la textura).
  • De 10 a 15 gotas de aceite esencial de menta piperita (según cuánto te guste el frescor).

El proceso paso a paso.

Hacer esta pasta es un ritual precioso. Te recomiendo que lo hagas con calma, disfrutando de los aromas y las texturas que se van creando.

Primero, busca un cuenco de cerámica o cristal. La costumbre al trabajar con arcillas es evitar el metal, así que usa una espátula de madera, silicona, o incluso una cuchara de porcelana.

Empieza mezclando los ingredientes secos: la arcilla blanca, el bicarbonato y el xilitol. Remueve bien hasta que veas un polvo uniforme.

A continuación, añade la glicerina vegetal. Empieza a mezclar y verás cómo se va formando una especie de arenilla húmeda. No te preocupes si parece que no se une, ahí es donde entra el agua.

Añade el agua cucharadita a cucharadita. Mezcla con energía. Verás cómo la arcilla se hidrata y empieza a aparecer una crema suave y brillante. Si la prefieres más fluida, añade un pelín más de agua; si la quieres más densa, para el chorrito antes. La textura perfecta es aquella que se queda en el cepillo sin chorrear pero que se extiende con facilidad.

Por último, añade las gotas de aceite esencial de menta. Mezcla una última vez para que el aroma se distribuya por toda la pasta. En ese momento, el olor será increíble, te lo aseguro.

Cómo usar tu nueva pasta de dientes

No solo cambia el producto, también cambia un poco la forma de usarlo. Al no llevar espumantes artificiales, notarás que no se te llena la boca de burbujas. ¡Y no pasa nada! La espuma no es la que limpia, sino los ingredientes y el movimiento del cepillo.

Solo necesitas una cantidad pequeña, del tamaño de un guisante. Moja un poco tu cepillo, pon la pasta y cepilla como siempre, con movimientos suaves y circulares. Usa un cepillo de cerdas blandas y no aprietes: con cualquier pasta, la presión al cepillar desgasta más el esmalte y las encías que la pasta en sí.

Al principio puede resultarte extraño el sabor ligeramente salado del bicarbonato mezclado con el dulce del xilitol y el picante de la menta, pero dale tres días y tu lengua se acostumbrará. Empezarás a apreciar los sabores reales.

Puedes ver el proceso en YouTube y, si quieres, suscríbete al canal, ¡es gratis!

https://youtu.be/GT1z2gGxPS4

Cómo mantener tu pasta de dientes casera fresca y segura.

Una de las dudas que siempre surgen cuando hacemos algo en casa es cuánto va a durar. Al no llevar conservantes, tenemos que ser nosotros quienes cuidemos el entorno de la pasta. No es difícil, pero sí hay que hacerlo bien, porque esta receta lleva agua, y todo lo que lleva agua puede desarrollar bacterias y moho.

El recipiente ideal: vidrio y oscuridad.

Lo primero es el envase. Olvida el plástico y usa un tarrito de vidrio pequeño. Si es de color ámbar o violeta, mejor que mejor, porque así protegemos la mezcla de la luz, que degrada el aceite de menta.

Yo suelo usar tarritos de unos 50 o 60 mililitros. ¿Por qué tan pequeños? Porque al ser algo natural, prefiero hacer poca cantidad y que esté siempre fresca. Además, así puedo ir ajustando la receta cada mes si me apetece probar un toque diferente.

La regla de oro: cuidado con la contaminación.

Aquí es donde solemos fallar. Estamos acostumbrados a apretar un tubo, pero aquí tenemos un tarrito abierto. Jamás, y repito, jamás metas el cepillo de dientes directamente en el bote. El cepillo tiene bacterias y humedad, y si lo metes dentro, estarás contaminando toda tu creación.

Lo ideal es usar una pequeña espátula de madera o de silicona, o incluso una cucharita de café limpia, para sacar la cantidad que necesites. Es un gesto que tarda un segundo y mantiene la pasta limpia todo el mes.

Haz lotes pequeños y consúmelos en unas cuatro semanas. Si en algún momento notas un cambio de olor, de color o de textura, o ves algo que parezca moho, tíralo y prepara un tarro nuevo. No es exagerar: es lo que exige un producto con agua y sin conservante.

¿Dónde guardarla?

Lo mejor es mantener el bote en un lugar fresco y seco. El baño suele tener mucha humedad y cambios de temperatura por la ducha, así que asegúrate de que el bote esté siempre bien cerrado. Si vives en un sitio con calor extremo en verano, incluso podrías guardarla en la nevera, lo cual además te dará un extra de frescor al cepillarte que es una auténtica delicia.

Por qué esta fórmula es amable con tu esmalte.

Quiero que entiendas por qué estos ingredientes funcionan bien juntos y, con la misma claridad, qué pueden y qué no pueden hacer.

Cómo funciona realmente la remineralización.

Nuestros dientes no son rocas inertes: están constantemente perdiendo y ganando minerales. Cuando comemos cosas ácidas o azúcares, el esmalte pierde minerales (desmineralización). Después, la saliva los devuelve, y ese es el proceso de reparación en marcha.

Lo que hace esta pasta es apoyar ese proceso de forma indirecta. El bicarbonato neutraliza el ácido, así que la desmineralización se detiene antes, y el xilitol aumenta el flujo de saliva, que es el vehículo que lleva los minerales de vuelta al esmalte. Lo que no hace es aportar ella misma los minerales. Si quieres un ingrediente que sí lo haga sin recurrir al flúor, añade media cucharadita de nanohidroxiapatita en polvo a la receta: es la versión sintética de aquello de lo que está hecho el esmalte y tiene investigación clínica real detrás.

El índice de abrasividad: rompiendo mitos sobre el bicarbonato.

Mucha gente tiene miedo al bicarbonato porque cree que va a desgastar su esmalte. Existe una escala llamada RDA (abrasividad de la dentina relativa). Lo curioso es que el bicarbonato de sodio puro puntúa muy bajo, alrededor de 7, comparado con muchas pastas blanqueadoras comerciales que usan sílices mucho más agresivas y se van a los cientos.

En nuestra receta, al mezclar el bicarbonato con la arcilla blanca (que es finísima) y la glicerina (que actúa como lubricante), creamos una pasta que pule de forma extremadamente suave. Por eso tus dientes se ven más blancos: no es que hayamos usado un químico blanqueador, es que hemos eliminado las manchas superficiales y el color natural de tu diente vuelve a brillar.

Si quieres redondear tu rutina, termina con este enjuague bucal casero.

Lo que hemos dejado fuera, y la conversación sobre el flúor.

Para entender lo que hemos creado, hay que mirar lo que hemos evitado. Y ser honesta con las contrapartidas, porque las hay.

Sobre el flúor.

Voy a ser franca contigo, en lugar de contarte lo que se supone que debe decir un blog de vida natural. El flúor es el ingrediente con más evidencia científica para prevenir caries de toda la odontología. Décadas de investigación lo respaldan y todas las asociaciones dentales lo recomiendan. Lo que se lee sobre la fluorosis viene de ingerir demasiado flúor durante los años en que se forman los dientes definitivos de los niños, no de que un adulto se cepille y escupa.

Entonces, ¿por qué uso yo una pasta sin flúor? Porque mi riesgo de caries es bajo, lo he hablado con mi dentista y prefiero una fórmula sencilla hecha por mí. Es una elección personal, no una afirmación de que sea mejor.

Lo que sí te recomiendo de verdad: si tienes caries con facilidad, boca seca, retracción de encías, empastes o fundas, si llevas ortodoncia o si es para un niño, habla con tu dentista antes de dejar el flúor. No pasa absolutamente nada por usar una pasta con flúor por la noche y esta por la mañana, que es lo que acaba haciendo mucha gente. El xilitol ayuda de verdad contra las bacterias de la caries, pero no es un intercambio equivalente al flúor, y prefiero que lo sepas por mí.

Sin sulfatos ni espumantes.

¿Sabes por qué la pasta comercial hace tanta espuma? Por el lauril sulfato de sodio (SLS). Es un tensioactivo muy común, pero también un irritante conocido que dispara las aftas en las personas propensas a ellas y puede alterar temporalmente el sentido del gusto. Por eso muchos dentistas recomiendan pastas sin SLS a quienes sufren llagas de repetición. La nuestra no hace espuma, y no le hace falta.

Sin microplásticos ni colorantes.

Muchas pastas han llevado pequeñas bolitas de plástico que acaban en el océano y en nuestra cadena alimenticia. La nuestra es biodegradable desde el primer ingrediente hasta el último.

Personaliza tu sonrisa: cómo adaptar la receta.

Una de las cosas que más me gusta de ser mi propia alquimista es que puedo ajustar la fórmula según cómo sienta mis encías o mis dientes en cada época del año.

Para encías delicadas.

Si notas las encías más sensibles de lo habitual, reduce el bicarbonato a la mitad y añade una cucharadita de polvo de regaliz o de salvia. Ambas plantas se usan tradicionalmente por sus propiedades calmantes y antiinflamatorias.

También puedes sustituir cinco gotas del aceite esencial de menta por aceite esencial de árbol de té, un antiséptico potente muy usado para la salud de las encías. Quédate en esas pocas gotas y escupe bien, porque no debe tragarse. El sabor es más medicinal, pero a mucha gente le gusta.

Y una cosa que te digo de corazón: unas encías que sangran de forma habitual no son algo que se resuelva con pasta de dientes. Es una señal de enfermedad periodontal y necesita dentista, porque en fase inicial es reversible y en fase avanzada ya no.

Un extra de blanqueo para ocasiones especiales.

El bicarbonato y la arcilla ya pulen muy bien, pero a veces queremos ese brillo extra. En ese caso, puedes añadir una pizca de carbón activo de coco. Ojo, solo un poquito, porque el carbón mancha muchísimo (¡aunque luego se aclara perfectamente!).

El carbón activo es muy poroso y atrapa las partículas de taninos que dejan el café, el té o el vino. Dos matices honestos: la evidencia sobre su efecto blanqueador es escasa, y es más abrasivo que el resto de esta receta. Úsalo de forma puntual, nunca a diario, sáltatelo si tienes empastes, fundas o carillas en los dientes delanteros, y no lo uses si tienes las encías retraídas, porque puede acumularse en los márgenes.

La transición: qué esperar cuando dejas la pasta comercial.

Quiero ser totalmente sincera contigo, porque sé que el cambio puede chocar al principio. Venimos de años de usar productos diseñados para agradar a nuestros sentidos con espumas artificiales y sabores de menta sintética muy potentes.

El factor espuma.

Lo primero que vas a notar es que no hay espuma. Al principio esto te puede dar la sensación de que la pasta no está trabajando, pero es justo al revés. Sin la distracción de las burbujas, el cepillo entra en contacto directo con el diente. Te darás cuenta de que cepillas con un poco más de conciencia. Al terminar, pasa la lengua por tus dientes: los notarás más suaves que nunca.

El sabor.

Tu sentido del gusto también pasa por una pequeña desintoxicación. Las pastas comerciales suelen ser muy dulces y muy picantes. La nuestra tiene un sabor más complejo: el dulzor natural del xilitol, la base mineral de la arcilla y el toque salino del bicarbonato, todo envuelto en el frescor de la menta auténtica. En menos de una semana tu paladar se habrá acostumbrado, y te aseguro que si vuelves a probar una comercial te parecerá sorprendentemente artificial.

Preguntas frecuentes sobre la pasta de dientes natural.

¿Pueden usar esta pasta de dientes los niños?

Esta es la pregunta del millón, y prefiero darte una respuesta cuidadosa antes que una fácil. Los ingredientes base son seguros, y el xilitol es realmente útil contra las bacterias de la caries. Pero los niños son justamente el grupo en el que el flúor tiene la evidencia más sólida, y también el que más probabilidades tiene de tragarse la pasta en lugar de escupirla. Así que mi consejo honesto es que lo hables con tu odontopediatra antes de pasar a un niño a una pasta sin flúor, sobre todo si ya ha tenido caries.
Si decides hacérsela, elimina el bicarbonato o pon una cantidad mínima, y sáltate el aceite esencial de menta en menores de seis años: una gota de naranja dulce es más suave y más segura. Y recuerda que natural no significa comestible: sigue siendo para escupir.

Tengo ortodoncia, ¿puedo usar pasta de dientes casera?

Puedes, y la arcilla y el bicarbonato limpian muy bien alrededor de los brackets, donde la placa se acumula más rápido. Solo asegúrate de enjuagar muy bien con agua tibia para que no quede arcilla entre los alambres.
Dicho esto, la ortodoncia es un caso especial. Las manchas blancas que aparecen alrededor de los brackets son uno de los problemas más frecuentes del tratamiento, y el flúor es lo principal que las previene. La mayoría de los ortodoncistas piden expresamente usar pasta con flúor durante el tratamiento, así que consúltalo con el tuyo antes de cambiar.

¿Qué pasa si tengo los dientes muy sensibles al frío o al calor?

Para la sensibilidad, aumenta la glicerina y la arcilla blanca y reduce el bicarbonato al mínimo, y usa siempre cepillo blando y poca presión. Puedes añadir una gota de aceite esencial de clavo, que se ha usado durante siglos para aliviar molestias dentales, aunque solo de forma puntual, porque el clavo irrita la mucosa con el uso sostenido.
Una cosa importante: una sensibilidad nueva, que va a más o que se concentra en un diente concreto conviene mirarla en consulta y no gestionarla en casa. Puede indicar una fisura, una caries o retracción de encías, y nada de eso mejora con la pasta de dientes.

Un impacto que va más allá de tu boca

A veces olvidamos que todo lo que escupimos por el desagüe acaba en nuestros ríos y mares. Las pastas convencionales han incluido históricamente microplásticos y aditivos que no le hacen ningún favor a los ecosistemas acuáticos.

Al elegir una pasta casera dejas de generar tubos de plástico que tardan siglos en degradarse. Cada vez que te cepillas con tu mezcla de arcilla y xilitol, estás haciendo un pequeño gesto revolucionario. Para mí, esa satisfacción de saber que mi rutina de higiene no daña a nadie es tan importante como la salud de mis propios dientes.

La rutina completa: más allá del cepillado.

Hacer tu propia pasta de dientes es el paso más grande, pero me gusta ver la higiene como un ritual completo. Aquí van mis sugerencias finales. Y una que está por encima de todo lo demás de esta página: usa hilo dental y ve al dentista a revisión. Nada de lo que hay en un tarro sustituye a ninguna de las dos cosas.

El raspado de lengua.

Si todavía no usas un raspador de lengua (mejor de cobre o acero inoxidable), empieza mañana mismo. Por la noche, la lengua acumula la capa bacteriana que es la principal responsable del mal aliento matutino. Antes de usar tu pasta, haz unos raspados suaves de atrás hacia adelante. Notarás que tu sentido del gusto se agudiza.

El enjuague con aceite (oil pulling).

Es un hábito milenario que combina bien con una pasta natural. Un par de veces por semana, antes de cepillarte, ponte una cucharada de aceite de coco virgen en la boca y muévelo entre los dientes durante 10 o 15 minutos. Después escupe el aceite en la basura, nunca en el lavabo, porque solidifica y atasca la tubería, y cepíllate con tu pasta.

Siendo justos: la investigación sobre el oil pulling es limitada y no sustituye al cepillado ni al hilo dental. Pero a mucha gente, yo incluida, le deja una sensación de boca limpia muy agradable.

El resumen definitivo

Sé que hemos hablado de muchísimas cosas, así que te dejo este pequeño esquema para que lo tengas a mano antes de lanzarte a tu primera fabricación:

  • Ingredientes base: arcilla blanca (caolín), bicarbonato de sodio fino, xilitol, glicerina vegetal, agua destilada y aceite esencial de menta.
  • La mezcla: siempre en recipientes de cristal o cerámica, con espátulas de madera o silicona.
  • La textura: se consigue añadiendo el agua poco a poco hasta que tengas una crema que no gotee del cepillo.
  • El uso: una cantidad mínima, con cepillo blando. No esperes espuma.
  • La conservación: en un bote de cristal bien cerrado, en un lugar fresco y oscuro, siempre con espátula limpia, y renovándola cada cuatro semanas.
  • Mantenla lejos de los perros: el xilitol es tóxico para ellos.

Aprende paso a paso a crear una pasta de dientes casera con ingredientes naturales como arcilla blanca, xilitol y menta. Una fórmula sencilla y suave para preparar en casa.

Tiempo total: 10 minutos

Mezclar los ingredientes secos

En el cuenco de cristal, añade la arcilla blanca, el bicarbonato de sodio y el xilitol. Remueve con la espátula de madera hasta que el polvo sea totalmente homogéneo.

Incorporar la glicerina vegetal

Vierte las dos cucharadas de glicerina sobre la mezcla seca. Remueve hasta obtener una textura de arenilla húmeda.

Hidratar con agua destilada

Añade el agua destilada cucharadita a cucharadita mientras bates con energía. Detente cuando consigas una textura cremosa y brillante.

Añadir el frescor de la menta

Incorpora de 10 a 15 gotas de aceite esencial de menta piperita. Mezcla una última vez para que se distribuya por toda la pasta.

Envasar y conservar

Traspasa la mezcla al tarro de vidrio con la espátula. Cierra bien y guarda en un lugar fresco, alejado de la luz solar directa y fuera del alcance de las mascotas.

Coste estimado: 5 eur

Herramientas:

  • Un cuenco de cristal o cerámica (evitar metales)
  • Una espátula de madera o silicona
  • Un tarro de vidrio pequeño con tapa
  • Una cuchara pequeña para medir

Materiales: 2 cucharadas de arcilla blanca (caolín) 1 cucharadita de bicarbonato de sodio muy fino 1 cucharadita de xilitol 2 cucharadas de glicerina vegetal 2-3 cucharaditas de agua destilada 10-15 gotas de aceite esencial de menta piperita

A veces pensamos que para cuidar el planeta o nuestra salud necesitamos hacer grandes sacrificios, pero la realidad es que todo empieza en nuestro lavabo. Al usar esta pasta estás eliminando un tubo de plástico más y usando ingredientes que puedes nombrar.

A mí me hace inmensamente feliz saber que cada mañana y cada noche mi sonrisa es el resultado de la arcilla de las montañas, del dulzor del abedul y de la frescura de la menta. Es una sensación de libertad que te invito a experimentar.

No me canso de aprender de vuestras experiencias. ¿Tienes todos los ingredientes listos? ¿Te da un poco de respeto el cambio de sabor? ¿O quizás ya eres una experta en cosmética natural y tienes algún ingrediente secreto que quieras recomendarnos?

Por favor, deja un comentario abajo. Me encantará leer si te has animado a hacer la receta y qué cara pusieron en casa cuando vieron tu nuevo tarrito de cristal en el baño. Compartir estos pequeños logros nos hace sentir que somos una comunidad que camina hacia un mundo más sano y honesto.

¡Muchas gracias por leerme, por tu tiempo y por tu energía! Nos vemos en el próximo descubrimiento natural.

Nota de salud: Esta receta está basada en ingredientes naturales, pero cada persona es única y una pasta casera es un complemento al cuidado dental, no un sustituto. No lleva flúor, así que si tienes tendencia a las caries, estás embarazada, llevas ortodoncia o la preparas para un niño, consúltalo antes con tu dentista. Y no dejes tus revisiones: la boca es la puerta de entrada a tu salud.

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