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El secreto del kohl: cómo los egipcios transformaron la mirada para siempre.

Descubre la verdadera historia del kohl egipcio. Cómo lo fabricaban paso a paso, sus sorprendentes usos medicinales y rituales, y la forma correcta de conservarlo hoy en día.

Siempre que pensamos en el antiguo Egipto, nos viene a la mente la misma imagen que hemos visto mil veces en películas y museos. Esos ojos almendrados, perfectamente perfilados con una línea negra intensa de kohl, que se alarga de forma elegante hacia las sienes.

No importa si cerramos los ojos e imaginamos el rostro de Cleopatra, la belleza mítica de Nefertiti o la máscara dorada de un faraón en su trono. Esa mirada tan magnética es el verdadero sello de identidad de una civilización entera, que nos sigue fascinando miles de años después.

Pero lo que empezó llamándome la atención como un simple truco de belleza, o un rasgo estético llamativo, resultó ser algo muchísimo más profundo cuando te pones a investigar con calma.

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Llevo bastante tiempo dándole vueltas a este tema, devorando libros de historia y analizando texturas, porque cuando algo despierta mi curiosidad de verdad, necesito ir directa al grano para entender cómo funciona desde dentro.

Resulta que ese polvo negro que hoy compramos cómodamente en cualquier perfumería en formato de lápiz automático o botecito de diseño era, para ellos, algo sagrado.

Los egipcios veían en este producto una mezcla perfecta de medicina avanzada para su época, protección espiritual frente a los peligros invisibles y un claro indicador de estatus social.

No se trataba, en absoluto, de ponerse guapa antes de salir a un evento especial, o para una fiesta en el palacio. Era una necesidad diaria, un gesto casi automático, que compartían desde el campesino más humilde que recolectaba lino a orillas del río Nilo, hasta el mismísimo rey que gobernaba el imperio desde su trono.

Hoy quiero contarte todo lo que he descubierto sobre el kohl tradicional. Al final te darás cuenta de que las preocupaciones de las personas de hace tres milenios no eran tan distintas a las nuestras cuando nos miramos al espejo por las mañanas.

Qué es el kohl egipcio en realidad y de qué estaba hecho.

Para entender la verdadera importancia que tenía este producto en la vida cotidiana, lo primero que tenemos que hacer es quitarnos de la cabeza la idea de que el kohl antiguo era el equivalente exacto de nuestro delineador de ojos comercial moderno.

Si tienes curiosidad y miras los ingredientes que vienen impresos en la parte trasera de un lápiz de ojos actual, vas a encontrar una larga lista llena de ceras sintéticas, aceites minerales derivados del petróleo y diversos pigmentos artificiales creados en laboratorios.

En el Egipto de hace más de tres mil quinientos años, la química iba por un camino totalmente diferente, un camino que estaba muy ligado a la propia tierra, a la naturaleza y a los minerales que los mineros extraían, con mucho esfuerzo, de las profundidades del desierto.

El ingrediente principal y la base absoluta del kohl auténtico era la galena. Este es un mineral de un color gris oscuro con un brillo metálico muy característico, que se compone principalmente de sulfuro de plomo.

Para los egipcios, este material era tan valioso que los faraones organizaban expediciones gigantescas compuestas por cientos de hombres hacia las zonas más remotas del desierto oriental, o hacia las escarpadas costas del mar Rojo, solo con el objetivo de conseguir este mineral.

Una vez que las caravanas regresaban cargadas con las piedras, el proceso necesario para transformar ese mineral en un cosmético seguro y apto para el rostro requería una paciencia infinita y una destreza manual asombrosa.

Aparte de la galena que aportaba ese color negro tan profundo y característico, los egipcios también utilizaban de forma habitual la malaquita. Este es otro mineral, un carbonato de cobre que les proporcionaba un color verde vibrante y muy llamativo.

Es muy curioso comprobar que en las primeras dinastías del Imperio Egipcio el maquillaje de color verde era el favorito de la nobleza y se usaba muchísimo más que el negro.

Sin embargo, con el paso de los siglos, el negro intenso de la galena fue ganando terreno, poco a poco, hasta convertirse en el estándar estético que todos reconocemos hoy en día en las pinturas murales y en los sarcófagos.

El proceso de elaboración artesanal en los talleres egipcios.

Si intentamos imaginar por un momento la escena real dentro de un taller cosmético de la época, nos daremos cuenta de que el trabajo era puramente físico.

No existían las máquinas industriales, ni los laboratorios esterilizados, ni los filtros químicos que tenemos ahora. El mineral en bruto se colocaba sobre unas paletas de piedra especiales, que solían estar talladas con mucho mimo.

Muchas de estas paletas tenían formas de animales sagrados como tortugas, aves o peces, ya que creían que estas figuras añadían un extra de protección al producto que se estaba elaborando. Sobre esa superficie, el artesano machacaba el mineral a mano, utilizando piedras más duras.

El gran secreto para conseguir un kohl de excelente calidad residía en el proceso de molido. Si el polvo final quedaba demasiado grueso, las partículas del mineral podían arañar la córnea del ojo al aplicarlo, lo que causaba heridas internas e infecciones realmente graves.

Por este motivo, los artesanos pasaban horas y horas frotando con paciencia el mineral contra la piedra hasta conseguir una textura increíblemente fina, similar al azúcar glas o al talco más suave. Solo cuando el tacto era completamente sedoso, se consideraba que el polvo estaba listo para el siguiente paso.

Una vez que el polvo mineral era totalmente homogéneo, se mezclaba con diferentes ingredientes aglutinantes, que servían para facilitar su aplicación sobre los párpados y para mejorar su fijación a la piel.

Gracias a los análisis químicos modernos que se han realizado a los restos encontrados en las tumbas, sabemos que utilizaban aceites vegetales de primera presión como el de sésamo, el de ricino o el de almendras dulces.

También recurrían a grasas animales que purificaban previamente con calor, para eliminar el mal olor y evitar que se descompusieran rápido. Para rematar la fórmula, añadían resinas de árboles que aportaban resistencia frente al sudor y extractos de plantas medicinales, con propiedades calmantes para aliviar el cansancio de los ojos.

Tipos de recipientes y utensilios de aplicación.

El kohl no se guardaba de cualquier manera ni se dejaba suelto por la casa, ya que se consideraba un bien muy preciado y caro. Los artesanos egipcios diseñaron una variedad inmensa de botes específicos, que hoy conocemos en el mundo de la arqueología como vasijas de kohl.

Vasijas de kohl

Los materiales con los que se fabricaban estos pequeños frascos, cambiaban por completo dependiendo del dinero que tuviera el comprador en su bolsa. Las familias más humildes y los trabajadores, utilizaban pequeños cuencos de terracota o tubos hechos de caña y madera tallada a mano de forma sencilla.

Por el contrario, las clases altas, los nobles y los miembros de la familia real guardaban su maquillaje en frascos espectaculares de alabastro translúcido, cerámica vidriada de colores brillantes, vidrio soplado que imitaba piedras preciosas o, incluso, en recipientes macizos de oro y plata con incrustaciones de lapislázuli.

Estos botes no solo servían para conservar las propiedades del polvo mineral a salvo de la humedad del ambiente, sino que también eran un símbolo de estatus, que las mujeres y los hombres exhibían con orgullo en sus tocadores y que se llevaban al más allá en sus ajuares funerarios.

Para aplicarse el producto con precisión, utilizaban un utensilio muy específico que consistía en una pequeña vara delgada y alargada. Esta varita podía estar hecha de maderas locales, de bronce pulido, de hueso de animal o de marfil tallado en el caso de los más ricos.

El ritual de aplicación era muy preciso y requería cierta práctica. El extremo de la vara se humedecía ligeramente con un poco de agua, o con una gota de aceite vegetal. Después se introducía en el frasco para que el polvo de kohl se adhiriera a la superficie húmeda. Para terminar, la persona colocaba la vara de forma horizontal entre los párpados cerrados y la deslizaba con suavidad hacia el exterior, consiguiendo así teñir al mismo tiempo la línea de agua interna y el borde exterior del ojo con un trazo perfecto.

Si usas este tipo de productos, puedes encontrar muchos modelos de estas vasijas en Amazon, por ejemplo.

Por qué lo usaban: mucho más que estética y vanidad.

A veces, cuando miramos al pasado tendemos a pensar que las sociedades antiguas eran un poco superficiales en lo que respecta a sus costumbres estéticas, pero la realidad histórica es muy diferente.

Para un egipcio de a pie, el acto de pintarse los ojos cada mañana era una acción que englobaba múltiples capas de significado. Este hábito cumplía funciones prácticas de salud pública, servía como una barrera física muy eficaz contra las duras condiciones de su entorno geográfico y además, poseía una carga inmensa de protección mágica y religiosa que afectaba a su bienestar espiritual.

La ciencia médica detrás del polvo negro.

Si analizamos el entorno geográfico del Valle del Nilo, nos daremos cuenta de que es una zona de condiciones climáticas extremas. El calor durante el día es sofocante, el viento que sopla desde el desierto es muy seco y las tormentas de arena que levantan nubes de polvo flotante son constantes.

Por si esto fuera poco, las crecidas anuales del río que inundaban los campos de cultivo atraían a millones de insectos. Las moscas eran una plaga constante que transmitía con mucha facilidad todo tipo de infecciones oculares graves, como el tracoma, una enfermedad bacteriana que causaba estragos en la población y que podía terminar en una ceguera total, si no se ponía remedio a tiempo.

En este contexto tan complicado, el kohl funcionaba como una pantalla protectora real y muy efectiva. Al pintar esa línea oscura tan ancha alrededor de los ojos, se lograba reducir de forma drástica el deslumbramiento provocado por la intensa luz del sol reflejada en la arena.

Es exactamente el mismo principio físico que utilizan hoy en día los jugadores de fútbol americano, o de béisbol, cuando se pintan rayas negras en los pómulos antes de salir al campo. El color negro absorbe el exceso de luz y permite mantener una visión mucho más nítida bajo el sol abrasador.

Pero lo más fascinante de todo esto es lo que ha descubierto la ciencia moderna al analizar las muestras antiguas. Unos investigadores franceses examinaron el kohl conservado en los almacenes del Museo del Louvre, y descubrieron que los egipcios introducían de forma deliberada compuestos químicos como la laurionita y la fosgenita en la mezcla.

Estos compuestos de plomo no se forman de manera natural en la galena, sino que debían ser sintetizados artificialmente, en un proceso que tardaba semanas. Cuando estos minerales entran en contacto con el fluido de las lágrimas en cantidades muy pequeñas, estimulan la producción de óxido nítrico en el ojo.

Este gas activa de inmediato el sistema inmunitario local, ayudando a combatir las bacterias invasoras, antes de que puedan provocar una conjuntivitis. Tenían un verdadero colirio antibiótico camuflado en su rutina diaria de belleza.

El significado espiritual y el Ojo de Horus.

Si pasamos al plano místico y religioso, el uso del kohl se vuelve todavía más interesante. Para los habitantes del antiguo Egipto, pintarse el rostro era una forma de imitar a los dioses y de acercarse a la divinidad.

El delineador negro tan característico, recreaba de forma consciente la fisonomía del halcón, que era el animal sagrado asociado directamente con el dios Horus. El Ojo de Horus, conocido en su lengua como Udjat, era el símbolo más poderoso de todo su sistema de creencias para atraer la salud, la protección, la fertilidad y la integridad física.

El ojo de horus

Al aplicarse el kohl con la varita cada mañana, la persona no sentía que se estaba retocando para verse más atractiva ante los demás. Lo que sentía era que estaba dibujando un amuleto sagrado directamente sobre su propia piel.

Existía la creencia firme de que este delineado negro actuaba como un escudo energético capaz de rechazar el mal de ojo, las envidias humanas y las malas influencias de los espíritus errantes que flotaban en el aire del desierto.

Por esta misma razón, el ritual del maquillaje se realizaba a primera hora del día y solía acompañarse de la recitación de pequeñas fórmulas mágicas, o de oraciones específicas que servían para activar las propiedades místicas y protectoras del mineral sagrado.

Cómo ha evolucionado el kohl hasta nuestros días.

Es realmente asombroso comprobar cómo una fórmula cosmética que nació hace miles de años en una cultura ya desaparecida, sigue estando tan viva en nuestro mercado actual.

Por supuesto, el producto ha experimentado cambios lógicos y profundos para poder adaptarse a las estrictas normativas de seguridad y salud que tenemos en el siglo veintiuno.

El kohl en polvo tradicional se sigue utilizando con total normalidad y de forma diaria en amplias zonas de Oriente Medio, en los países del norte de África y en la India, donde se conoce popularmente con el nombre de kajal. Sin embargo, el producto que tú y yo compramos hoy en la perfumería de nuestro barrio ha pasado por un proceso de transformación industrial radical.

En la actualidad, las leyes sanitarias de la Unión Europea y de la mayoría de los países occidentales prohíben de forma tajante el uso de derivados del plomo en cualquier tipo de producto cosmético. Esto se debe al riesgo real de sufrir saturnismo, que es el término médico para la intoxicación por acumulación de plomo en el organismo.

El kohl moderno que encuentras en los estantes en formato de lápiz de madera, rotulador líquido o gel, utiliza como base ingredientes totalmente inocuos como el carbón vegetal, los óxidos de hierro estables y diversos pigmentos orgánicos, que son completamente seguros para la delicada salud de nuestros ojos.

Las marcas actuales mantienen el nombre de kohl por una cuestión de romanticismo comercial y porque evoca de inmediato ese acabado negro tan profundo, ahumado y misterioso que tanto nos gusta. Hoy día, es fácil conseguirlo sobre todo online.

Si alguna vez te entra la curiosidad y decides comprar un bote de kohl tradicional en polvo suelto con su varita correspondiente, debes asegurarte muy bien de que provenga de laboratorios que certifiquen que está cien por cien libre de plomo.

Muchos de los polvos artesanales que se venden en los puestos de los mercados turísticos de algunos países todavía se fabrican moliendo galena sin ningún tipo de control sanitario, lo cual puede ser bastante peligroso para tus ojos si lo usas de forma continuada.

Cómo conservar el kohl en casa para que no se estropee.

Si ya tienes un bote de kohl tradicional en polvo en casa, o si estás pensando en adquirir uno próximamente para experimentar con el maquillaje histórico, es muy importante que sepas que requiere unos cuidados específicos.

Al tratarse de un producto compuesto por un mineral suelto y sin conservantes artificiales, no puedes tratarlo de la misma manera que tratarías a un delineador líquido comercial, o a una máscara de pestañas común.

Los cuidados son muy sencillos de seguir, si eres constante con ellos vas a conseguir que el polvo se mantenga en perfectas condiciones de uso durante muchísimos años.

El espacio de almacenamiento ideal.

Al igual que sucede con la gran mayoría de los productos que pertenecen a la cosmética natural o artesanal, los dos peores enemigos del kohl son la humedad ambiental directa y los cambios bruscos de temperatura.

Por costumbre, casi todas las personas guardamos nuestro neceser de maquillaje dentro del cuarto de baño, pero debes saber que este es, probablemente, el peor lugar de la casa para este producto, debido al vapor espeso que se genera cada vez que nos damos una ducha de agua caliente.

Lo ideal es buscarle una ubicación que sea totalmente seca, fresca y que se encuentre bien protegida de la luz directa del sol. Un cajón interior de tu cómoda en el dormitorio, o una cajita de madera cerrada sobre tu mesilla de noche son opciones magníficas para guardarlo.

Si permites que el polvo mineral absorba la humedad del aire, notarás que empieza a apelmazarse formando pequeños grumos compactos. Cuando esto ocurre, el kohl pierde esa textura sedosa tan característica que permite que se deslice con suavidad, empezando a raspar la delicada piel del párpado al intentar aplicarlo.

Higiene con el aplicador de madera o metal.

La varita que vas a utilizar para ponerte el maquillaje entra en contacto directo con la mucosa y con la humedad natural de tu propio ojo. Si cometes el error de meter la vara directamente de vuelta en el frasco todos los días sin limpiarla, terminarás introduciendo lágrimas, grasas de la piel y bacterias microscópicas dentro del polvo limpio.

Para evitar que el producto se contamine y te cause una infección, es muy recomendable que sigas tres pasos higiénicos que son fundamentales.

-El primero es realizar una limpieza rápida después de cada uso individual, frotando la varita con un pañuelo de papel limpio y seco para eliminar cualquier resto de humedad que haya quedado adherido a la superficie.

-El segundo paso consiste en hacer un lavado periódico más profundo una vez a la semana, utilizando para ello un poco de agua templada y una gota de jabón neutro. Es vital que dejes secar la vara por completo al aire sobre una toalla limpia antes de volver a guardarla dentro del bote, ya que una sola gota de agua atrapada en el polvo mineral puede estropear todo el contenido de forma irreversible.

-El tercer paso es recordar que el kohl tradicional es un objeto de uso estrictamente personal. Al tocar la línea de agua interna del ojo, compartir este cosmético con una amiga o con un familiar es la forma más rápida que existe de contagiar una conjuntivitis o cualquier otra afección ocular.

Preguntas frecuentes sobre el kohl y el maquillaje egipcio

¿El kohl original del antiguo Egipto era peligroso por llevar plomo en su composición?

A largo plazo el plomo es una sustancia muy tóxica que nuestro cuerpo no es capaz de eliminar de forma sencilla, por lo que tiende a acumularse en los órganos. Sin embargo, los artesanos egipcios procesaban la galena con métodos muy elaborados que incluían lavados repetidos con agua durante semanas, lo que reducía notablemente la toxicidad más inmediata del mineral.
Aunque con los estándares de salud que tenemos hoy en día ese producto jamás pasaría los controles de una farmacia, a ellos les compensaba asumir ese riesgo debido al enorme beneficio antibacteriano que obtenían para frenar las infecciones oculares causadas por el entorno del desierto.

¿Cuál es la diferencia exacta que existe entre el kohl y el kajal tradicionales?

Aunque en la actualidad las grandes marcas de maquillaje utilizan ambos términos de forma indistinta en sus catálogos para referirse a cualquier lápiz de ojos negro que sea cremoso, históricamente tienen orígenes geográficos e ingredientes totalmente diferentes.
El kohl es originario del norte de África y de toda la zona de Oriente Medio, y su base tradicional era siempre la galena pulverizada de color grisáceo. Por el contrario, el kajal tiene sus raíces en la India y se encuentra muy ligado a la medicina tradicional ayurvédica.
Este último se elaboraba de forma artesanal recogiendo el hollín fino que se producía al quemar aceites vegetales aromáticos, como el aceite de ricino, mezclando después ese polvo negro con manteca clarificada de vaca, que es lo que se conoce popularmente como ghee.

¿Se puede utilizar el kohl tradicional en polvo si se llevan lentillas puestas?

Si tienes la intención de utilizar el kohl tradicional en su formato original de polvo suelto, lo más recomendable es que no lo hagas mientras lleves puestas las lentes de contacto.
Al aplicar el polvo con la varita, siempre quedan micropartículas minerales flotando en la lágrima del ojo y estas partículas pueden introducirse con mucha facilidad debajo de la lentilla.
Si eso sucede, la piedra triturada puede rayar la lente o rozar directamente tu córnea, provocándote una irritación muy molesta o una herida.
Si te apasiona el efecto estético que deja este producto, es mucho mejor que realices todo el maquillaje de ojos antes de colocarte las lentillas o que optes por utilizar los formatos modernos en lápiz cremoso que no desprenden ningún tipo de residuo volátil.

¿De qué manera se debe desmaquillar correctamente el kohl tradicional?

Al ser un cosmético compuesto por minerales con una pigmentación muy alta, el kohl se agarra con muchísima fuerza a la piel y a las pestañas, por lo que intentar quitarlo utilizando solo agua o un jabón suave de rostro no va a servir de nada. Para retirarlo por completo y sin dañar la piel de la zona, lo mejor es recurrir a un limpiador que tenga una base oleosa, como puede ser un buen aceite desmaquillante o un bálsamo cremoso.
El proceso correcto consiste en empapar bien un disco de algodón con el producto, apoyarlo con suavidad sobre el ojo cerrado durante unos quince segundos para que el aceite tenga tiempo de disolver las resinas y las grasas del maquillaje, y después deslizar el algodón hacia fuera con movimientos muy suaves sin frotar con violencia en ningún momento.

El kohl es uno de esos poquísimos elementos de la antigüedad que ha conseguido sobrevivir al paso de los milenios y a la caída de grandes imperios sin perder ni un ápice de su esencia original.

Comenzó su andadura histórica como un trozo de mineral gris machacado con paciencia sobre una piedra tosca en medio del desierto, y hoy en día sigue estando presente en los neceseres de millones de personas en todo el mundo.

Al final de todo este viaje, te das cuenta de que la necesidad humana de resaltar la expresión de la mirada, de buscar protección y de adaptarnos a nuestro entorno no ha cambiado prácticamente nada en los últimos tres mil años de historia.

Me encantaría que me contaras si alguna vez has tenido la oportunidad de probar el kohl tradicional en polvo suelto o si, por el contrario, prefieres quedarte con la comodidad de los formatos modernos en lápiz o rotulador de toda la vida.

También me da mucha curiosidad saber si te atreverías a usar la varita de madera tradicional, o si te daría un poco de respeto acercar un utensilio así de forma tan directa a la línea de tu ojo.

Puedes dejar tu experiencia abajo en los comentarios para que podamos charlar un rato sobre el tema, ya que siempre resulta muy interesante compartir impresiones y ver cómo somos capaces de adaptar estas costumbres tan antiguas a las rutinas de nuestro día a día.

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